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jueves, 8 de septiembre de 2011

Mis amigos imaginarios

Cuando tenía 3 años, y según cuentan mis padres, jugaba solo en el patio de mi antigua casa de Mar del Plata, empezaron a fijarse que todo el tiempo que jugaba hablaba solo, al estar atentos comenzaron a sospechar que tenía amigos imaginarios.



Así era, de hecho hoy en día los recuerdo ligeramente, mis padres aportan algunos datos que por mi entonces escasa edad se me escapan.
Todos tenian unas características, un domicilio, una profesión y una historia propia. Uno de mis invisibles compañeros era mecánico, de los otros desconozco su profesión, evidentemente eran "ninis".

Cuenta mi madre, que en aquel entonces un día íbamos hacía la casa de mi abuela en colectivo (autobús urbano), cuando yo en brazos de mi madre, al pasar frente a un taller mecánico de la avenida Libertad, empecé como loco a grito pelado.

- "Ahí!! Ahí!! Ahí es el taller mecánico de el "Gasá", ¿viste mama?"

Mis madre, en ese momento, se preocupo en sobremedida, pensando que quizá mi desarrollo intelectual o social no estaba siendo correcto (mucho no se equivocaron).

Fueron al pediatra de confianza, el Dr. Spiegel, un viejito muy macanudo, o como dicen acá "campechano", y este les dijo tranquilamente que se dejaran de rollos y se pusieran manos a la obra a tener otro hijo, que eso era normal en los niños de pronta edad que no tienen compañeros de juego.

Obedientes ellos, así lo hicieron, y poco antes de cumplir los 4, llegaba mi primer u único hermano Julian, y con el se iban mis queridos amigos imaginarios, y darían paso a los celos por el nacimiento del bebe.